Choque Cultural por Isabela Roldan

En este ensayo voy a hablar acerca de los choques culturales más significativos que aunque no fueran por elección tuve q aceptarlos de alguna manera.

Desde que tenía 8 años de edad me diagnosticaron escoliosis; muchísima gente sobre todo las mujeres en México padecen de escoliosis pero para mi mala suerte la mía era casi una deformidad. Mi columna vertebral era tal cual una “S”; la curva superior tenía 30° de desviación y la inferior llego a tener 53° de desviación. Por fuera yo me veía normal pero por dentro estaba completamente descuadrada.

Mi doctor, Alfredo Cardoso, es el doctor que me ha atendido en México desde que me diagnosticaron esta enfermedad. De los 8 a los 10 años simplemente iba s su consultorio a revisión hasta que la cosa se puso muy grave. Mi columna vertebral se había enchuecado de tal manera que recuerdo claramente las palabras del doctor “Isabela que pena pero ya no nos queda otra opción mas que operarte”.

Esta operación consiste en colocar dos barras de titáneo a los lados de la columna desde el cuello hasta un centímetro arriba de la pompa y sujetar estas con clavos y alambres. No es una operación muy sencilla que digamos pero la verdad estaba en muy buenas manos con Cardoso ya que él inventó esa operación.

Todos piensan que las enfermedades solo traen cosas negativas pero la verdad esta operación me trajo muchas mas cosas positivas de lo que uno se puede imaginar.

Mi mamá, como cualquier otra, no quería aceptar el hecho que yo siendo tan chiquita necesitara una operación de esa magnitud, y es ahí donde entran todas las aventuras que tuvimos visitando a millones de doctores alrededor del mundo para oír sus diferentes opiniones y recomendaciones.

Al primer lugar que fuimos fue a Miami, en el hospital de Miami conocimos a una niña judía como de mi edad que al vernos todo el día en el hospital un día por fin se animó y llegó a platicarnos. Todos los días usaba una falda larga de jeans súper antisexy y el “wet look” que había pasado de moda hace siglos. Eso no le quitaba lo mona que era con mis papás y con migo. Platicábamos todo el día, ella me venía a visitar a mi cuarto y yo al suyo me caía excelente.

Un día me dijo que me invitaba a la boda de su hermano grande. Las bodas siempre son buenas y yo nunca había ido a una judía así que le dije que si.

La boda estuvo buenísima pero hubo cosas que hicieron que me sacara de onda mal plan como cuando el hermano de mi amiga rompió al final de la ceremonia una copa de vidrio que simbolizaba que aún en los tiempos felices no se olvida la destrucción de Jerusalén y del Templo, también cuando bailaban todos en un círculo tomados de las manos y el novio y la novia bailando en el centro, etc. Lo único que no me gustó fue la comida. Mi amiga me explicó que era Kosher y entendí porque la carne que nos habían dado sabía tan fea.

Al siguiente día volaba de Miami a Houston así que me despedí de mi amiga y le di las gracias por haberme invitado a la boda por que aunque algunas de las cosas que los judíos hacían me parecían extrañas me gustó mucho ser parte de esa celebración y enriquecer mis conocimientos en cuanto a otras religiones.

Al siguiente día que llegué a Houston no estaba planeado que durmiera en el hospital pero para la cantidad de estudios y exámenes que me hicieron mis papas se quedaron en un hotel cerca del hospital mientras que yo me tuve que quedar a dormir ahí. Para mi mala suerte me toco en un cuarto con una chinita que aparte de que olía feo era una desordenada de lo peor y para que yo diga eso es que de verdad era un asco nuestro cuarto. Para mí estar con ella fue un shock tremendo. Se llamaba Yang y hablaba inglés perfectamente bien entonces nos podíamos comunicar súper agusto. Yang me enseñó a agarrar los palitos chinos, cabe aclarar que se me hace una forma súper impráctica para comer y también me enseñó a hacerme chongos con palitos sin tener que usar una liga para el pelo entre otras cosas.

En el hospital de Houston al igual que en el de Miami me dijeron que no tenía opción, que la operación era necesaria ya que si no me operaban lo más pronto posible iba a pagar las consecuencias más tarde.

Hablamos con mi doctor de México, le contamos lo que había pasado y los que nos habían dicho, Tomó un avión y se vino a Houston a operarme ahí.

Al día siguiente a las 5:00 de la mañana comenzó mi operación la cual duró aproximadamente  7 horas. Estuve 3 semanas en el hospital en las cuales la primera semana y media no desperté y la otra semana y media era tan alta la dosis de morfina que me daban que estaba drogada todo el día sin tener siquiera una molestia.

Lo difícil fue llegar a México, la recuperación estuvo muy dura ya que yo no podía moverme sola, por ejemplo para voltearme hacia el otro lado de la cama necesitaba q mi mamá me rodara, para bañarme me tenían que bañar acostada por que no aguantaba el tiempo ni sentada ni parada, no me podía vestir sola, no podía detener los cubiertos en la mesa, no podía ir al baño sola en conclusión; no podía estar sola. Como ya habíamos entrado a clases mis papás regresaron a trabajar y me consiguieron a un fisioterapeuta que iba a mi casa y estaba con migo todo el día.

Mi fisioterapeuta no era de México y ahí es donde entra otro shock cultural. Se llamaba Rassam, él nació en la india pero cuando cumplió 18 años se vino solo a vivir a México. Rassam creía mucho en la energía, en los chochos, en la mente etc. cosa que me parece absurda y por supuesto que no creo en lo más mínimo.

Rassam pegaba tarjetas azules con dibujitos raros atrás de todos los aparatos electrónicos de mi casa, ponía abajo del colchón de mi cama botellas de plástico con agua no tengo idea para qué pero en algo que Rassam y yo estábamos completamente de acuerdo es que la mente es muy poderosa y puede ser tu mejor amigo como tu peor enemigo. Tener pensamientos positivos te lleva a que te sucedan cosas positivas y viceversa.

Tuve varios días de crisis porque aunque yo sea una persona tan alegre, que todo le da igual, q vive feliz, que siempre esta con una sonrisa en la cara; estuve en recuperación todo el verano y tres meses sin ir al colegio así que a veces me sentía sola, me aburría mucho y tanta convivencia con Rassam hacía que nos peleáramos como hermanos.

A Rassam yo le contaba todo y no solo fue mi fisioterapeuta sino que me servía hasta de psicólogo. Siempre me hizo ver hacia arriba y no quedarme atorada en el ¿por qué me pasó esto a mí y no a alguien más? Pero el me enseñó que por algo pasan las cosas y que de todo lo malo salen cosas buenas como por ejemplo todos los choques culturales que tuve empezando por el de mi amiga judía en Miami que aprendí mucho sobre su religión, con Yang en Houston que a pesar de que olía raro y era una desordenada me enseñó cosas sencillas como agarrar unos palillos chinos y peinarme con ellos y finalmente con Rassam que no creía en Dios sino en la energía y la mente.

Siempre voy a estar agradecida con Dios por ponerme este obstáculo en mi camino hacia la felicidad.

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