ENSAYO SHOCK CULTURAL

Begoña Suárez

NL 33

5A

                          África, un mundo distinto.

Vivimos en un mundo megadiverso. Un mundo con más de 3000 religiones diferentes, donde se habla un número incontable de lenguas distintas, miles y miles de costumbres, razas y culturas diferentes.

Gracias a los medios de comunicación, cada vez es más fácil conocer estas diversidades por medio de películas, canciones, las noticias, etc. De igual manera los medios de transporte han sido sumamente importantes pues cada vez es más fácil y accesible poder visitar lugares distintos y lejanos.

El término “Shock cultural” hace referencia al impacto que recibe una persona al viajar a un lugar distinto y encontrarse con un idioma, estilo de vida o hasta forma de vestir que le parece tan extraño que causa un choque en ella. Lo cual no quiere decir precisamente que sea extraño, sino que simplemente es distinto e inclusive puede resultar interesante.

 

Me gustaría platicar acerca de una experiencia que viví hace un par de meses en el verano. Mi familia y unos amigos organizamos un viaje a Tanzania, África. Cuando mi papá me platico del plan, lo primero que se me vino a la cabeza y las expectativas que yo tenía del viaje era ir a ver animales y seguramente encontrarme con negritos. Pero mi mente nunca pudo imaginar lo que realmente era ir a África y la gran experiencia que estaba por vivir. Desde el momento que tuve que hacer mi maleta, sabía que sería un viaje distinto a los que había realizado anteriormente. La ropa que llevaba no era como la que uso aquí en México, eran más bien zapatos de caminar, pantalones de cacería y camisas “Dry fit” porque me dijo mi mamá que probablemente no podríamos lavar tan seguido. Finalmente llego el día tan esperado, el día de volar a África. Después de un largo trayecto de aproximadamente 15 horas con escalas, llegamos al aeropuerto de Dar es Salaam en donde recibí mi primer choque cultural del viaje. Cualquier persona ya sea del continente Asiático, América, Europa o hasta Oceanía se imagina un aeropuerto como un lugar relativamente grande, con tecnologías avanzadas y repleto de gente. Pero lo que yo todavía no había descubierto es que África no es como los otros continentes, sino más bien lo que yo definiría como “otro mundo”. El aeropuerto de una de las ciudades más importantes de Tanzania, parecía más bien, una estación de camiones. La sala de espera era al aire libre y las pesas de las maletas eran como básculas como la que tengo en mi casa pero enorme. Los olores eran algo insoportable para mí, era como si no se hubieran bañado en un mes. Y entonces me dijo mi mamá: seguramente ellos creen que tú apestas. Pues probablemente sí.  Y a partir de ahí empezó la aventura. En el aspecto de los animales las expectativas que tenía fueron correctas. Pasar todos los días en un jeep en medio de una extensa sabana y tomar fotos a los elefantes, leones y jirafas. También impactante en el sentido que no puedes creer que estemos viviendo en un siglo XXI y la mayor parte de un continente sea tan poco desarrollado. Cuando visitas por ejemplo Roma vas a ver el coliseo y las antiguas catedrales o poniendo un ejemplo totalmente opuesto, en Camboya visitas las ruinas de Angkor Wat. Pero en Tanzania no existen lugares históricos que puedas visitar. Es como si fuera un país que no ha comenzado a construir su historia, a excepción de la costa.

Después de unos días de Safari, llegó el día de visitar aldeas donde vivían estos “negritos” que yo me había imaginado. Como todos los otros días, nos subimos al jeep muy temprano en un viaje de tres horas. Ésta vez, nuestro destino no se trataba del Serengueti, Gngorongoro ni ninguno de los parques nacionales que habíamos visitado anteriormente. Aquél día habíamos llegado a una aldea Massai. Los Massais son la tribu predominante en Kenia y Tanzania. Lo primero que vi al bajarme del coche, fue un grupo de diez jóvenes esperando para darnos la bienvenida. Me impresionó el ver que todos eran altos, fuertes y delgados. Nos introdujeron a su pequeña aldea y nos explicaron cómo funcionaba. Eran aproximadamente seis casitas redondas, extremadamente pequeñas y obscuras, rodeadas por una cerca de espinas para evitar que los animales se acercaran. También había una casa un poco más grande y de forma rectangular donde vivía el hombre al que le pertenecía todo dentro de su cerca. En la cultura massai, un hombre tiene derecho a tener cuantas mujeres quiera, siempre y cuando las pueda mantener. Por cada quince vacas, pueden tener una mujer más. Entonces en cada una de las casitas vive una de las mujeres con sus hijos y el hombre se va turnando cada noche para dormir en una casa diferente. Yo no podía realizar lo que mis oídos estaban escuchando. ¿Cómo puede ser posible que en México mis amigas se pongan celosas porque su novio esté con otra niña, y las mujeres massai conviven tan tranquilas con las otras mujeres de su marido?

Pasamos un par de horas en la aldea conviviendo con los niños y mujeres. Ahí me di cuenta que no éramos nosotros los únicos que nos estábamos llevando un shock cultural. Los niños massai estaban realmente impactados con nuestra presencia. Nos agarraban las manos y las veían fijamente. ¿Piel blanca? No lo comprendían. Los pequeños que eran alegres y juguetones se dedicaron a jalarme el pelo, pareciera que fuera el juego más divertido de todos. Imaginen que ellos no tienen televisión, computadoras ni nada por el estilo. Lo único que han visto en su vida es pelo negro, chino y corto. Y cuando llegué yo con un pelo güero, largo y lacio, seguramente creyeron que venía de otro planeta.

Los niños eran energéticos, bailaban, cantaban y reían. Y entonces fue cuando recibí un shock mayor a cualquiera de los que había experimentado anteriormente. Ésta vez se trataba de un golpe distinto, algo que me movió el corazón y me puso a pensar. Fue el hecho de ver lo felices que eran todos con lo poco que tenían. Estoy segura que su definición de felicidad es mucho más cierta que la nuestra. Nosotros vivimos en una sociedad en la que algunas personas se consideran infelices por no tener un iphone. Tenemos tanto, que nada nos llena. Los massai en cambio, con tener casa, comida y familia ya consideran que llevan una vida perfecta. Y es que ¿acaso necesitamos más que eso?

Ellos no sabían quiénes éramos nosotros ni de donde veníamos, y sin embargo su trato hacia nosotros siempre fue cálido. No les interesa si eres rico o pobre.

Desde la modernidad del mundo en que vivimos, pensamos que gente como los massai son pobres y atrasados y tendemos a ver iguales a otros pueblos similares que viven en África, sin darnos cuenta de las grandes diferencias que las tribus presentan entre sí. Esto lo digo porque también visitamos una zona donde vive una tribu de nómadas llamados bushmen. Como su nombre lo dice, viven en los arbustos. No poseen ninguna propiedad más que lo que pueden cargar con ellos. Para comer, todos los días las mujeres salen a recolectar semillas, hierbas y frutas que encuentran en las cercanías. Mientras tanto, los hombres salen de cacería, usando un arco y flecha fabricado por ellos. Verlos actuar era como si estuvieras leyendo un libro de la prehistoria, prendían fuego utilizando un palo, frotándolo sobre otro. Con esto me di cuenta que el mismo shock cultural que a mí me causaron los massai, a los propios massai les causaban los bushmen. Todo en esta vida es relativo. Nosotros cuando oímos de éstos tipos de vida, pensamos que somos más afortunados que ellos. Pero, ¿quién establece que es mejor? Seguramente estas tribus no podrían comprender nuestro estilo de vida ya que les parecería muy complicado. ¿A caso no suena ridículo el hecho de que consideramos vitales ciertas pertenencias que para estos hombres son totalmente irrelevantes?

 

Es normal que cuando veamos algo diferente a lo que estamos acostumbrados a vivir nos impacte y nos provoque un shock cultural. Debemos considerar ésta diversidad como una de las mayores riquezas de nuestro mundo. No todos deben actuar ni pensar igual que nosotros, ya que de ser así, todo sería igual y aburrido. Con la vida moderna hemos ganado muchas cosas y beneficios en los aspectos de bienestar, salud, educación, etc.; pero al mismo tiempo hemos perdido otras tales como la tranquilidad en la que viven los pueblos Africanos. No quiero decir que los bienes materiales sean malos, pero sí que muchas veces nos desvían de lo que realmente es importante en la vida.

Éste viaje a África es una experiencia de la que me voy a acordar toda la vida y que definitivamente me dejo marcada. Nunca podré todas éstas memorias, y la imborrable sonrisa de los negritos es algo que siempre llevaré en mi corazón.

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